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Demasiado fatalista. Gris es mi segundo nombre.

domingo, 11 de agosto de 2013

Eso.

Sus ojos siempre me llamaron la atención. Su manera de ser conmigo, con la gente, era distinta  a la de muchas personas. Era "ESO" el que despertaba en mi algo sensacional. Por un momento creí haber sentido algo diferente, algo fuerte. Una amiga muy cercana me dijo: "Te conozco, está pasando" "Ten cuidado"... "Bah" decía yo "Recuerda que no necesito de nadie para ser feliz, no va a suceder". Cabía la posibilidad de que me haya enamorado de nuevo o simplemente el problema era que tenía parásitos; debía ser alguno de ellos.Y la verdad es que era algo un tanto diferente. Algo que nunca conocí antes en mi vida, un nuevo concepto comenzó a formarse después de esto.
Nuestros encuentros se camuflaban en la oscuridad de la noche, bajo la luz de la luna; el deseo hacía de las suyas, mientras mas lejos, más inquietante y mientras más cerca, más fuerte. Tocaba su timbre de forma tímida, bajaba y me abría la puerta, me sonreía dulcemente: hacía que me sienta como en casa. Me llevaba consigo, en la inmensidad de su hogar,  hasta el último piso dónde yacía su cuarto. Ahí, dónde todo lo mágico comenzaba a suceder. Fueron besos, abrazos y jugarretas sucias, que no saciaban por completo la lujuria que sentíamos ambos. Su cuerpo irradiaba pasión, el mío también. Eramos cómo un Imán y un clavo - Sólo bastaba vernos para sentirlo en el ambiente -.Juntos, yo sentía que dominabamos al mundo, eramos una bomba con un cronómetro en cuenta regresiva, era sólo cuestión de tiempo para ambos. Explotaríamos en cualquier momento. Fue sólo cuestión de tiempo para que la ciudad y la inmensidad del cielo sea testigo de un nuevo crimen en mi vida. El primero, para ser exactos.
Su cuarto, un lugar oscuro, perfecto para los dos.La noche llama a nuestro prohibido juego y lo vuelve cada vez mas tentador. Sólo de una ventana entraba algo de luz, luz celestial, era hermoso. Me asomé a ver qué era lo que provocaba tremenda exquisitez. Era la Luna. Sólo ella iba a ser testigo ocular de este crimen fríamente calculado; el crimen perfecto. ESO y yo jugamos a ser dioses aquella noche. Nuestros cuerpos ese convirtieron en río y todo fluía de maravilla. Eramos deseo, pasión y lujuria al mismo tiempo, eramos: dinamita pura.
Aunque fuimos uno esa noche, no lo volví a ver jamás. No lo busqué ni el a mi, no supe mas de él. ESO siempre será un misterio para mi. Y siempre querré mas de él y él mas de mi... Y ¿quién sabe? tal vez nos volvamos a encontrar.

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